Un pueblo pequeño; muerto en invierno. Inestabilidad física y emocional: la búsqueda del calor y el refugio; todos se van. El pueblo muere, es abandonado. Mientras, nieva en las montañas, las cuales vivas y eternas, continúan allí, inmóviles (o mejor dicho, en constante movimiento...) refugiando animales, vegetales, y algún que otro lugareño que juega con la nieve y el hielo. El cielo, increíblemente despejado, permite que el sol alumbre los rincones más hermosos de los cerros, acompañando a los vientos más fuertes que visitan el lugar.
Cuando se acerca diciembre, la tierra y las piedras de dejan ver, luego de una primavera que derrite la nieve y permite que truenen los glaciares. Acompañados por un sol más caluroso y unas nubes más intensas, es cuando el pueblo vuelve a nacer, y los negocios vuelven a abrir. Los turistas de todo el mundo llegan, y la actividad deportiva retoma una vez más. Aventureros llegan a intentar nuevos desafíos y los no aventureros, simplemente toman aires nuevos.
El Chaltén es un lugar alejado de todo, incluso de señal telefónica. No exagera la cantidad de autos y se puede caminar por el medio de la calle. Niños juegan contentos en sus jardines abiertos, algunos en la calle, y ciudadanos se van a trabajar en sus bicicletas, o simplemente caminando.
Un aire de arte, música y naturaleza se vive en el Chaltén; un hermoso lugar y uno de mis preferidos en el mundo.
2012